EL DIOS QUE YO CONOZCO

2.07. El año regulado por las fiestas

Los hebreos no necesitaban ciclos astronómicos para corregir su año calendario mientras guardasen la pascua como se prescribía en la ley.

Puesto que Dios deseaba dar a los israelitas un sistema de fiestas anuales para enseñarles lecciones religiosas en relación con los acontecimientos de las estaciones, les proporcionó un sistema de calendario que les permitiera saber por adelantado los tiempos regulares de estas reuniones y así pudiesen observar esas fiestas en su debida estación.

El sistema lunar, similar al que se había usado durante mucho tiempo en Mesopotamia, era fácil de seguir mediante la observación de la Luna. Aun las correcciones periódicas necesarias podían determinarse fácilmente.

Cuando salieron de Egipto, los israelitas no habían acumulado ningún sistema de conocimientos astronómicos en los cuales basar un sistema de fechas, y Dios no dio a Moisés ninguna complicada instrucción técnica para regular el calendario.

Indicó que el "mes de las espigas" debía ser el primer mes (Abib o Nisán) y, a partir de ese punto, las sencillas directivas para las fiestas de primavera proporcionaron la base de un calendario preciso.

La clave de la corrección del año lunar y su armonía con el año de las estaciones debían encontrarse en las reglas que unían la pascua y la fiesta de los panes sin levadura con Abib, el "mes de las espigas" (Deuteronomio 16:1; Éxodo 23:15; 34:18), y con el comienzo de la cosecha.

Debía ofrecerse una gavilla de grano maduro como primicia durante la fiesta de los panes sin levadura (Levitico 23:10-14), después de lo cual podía comerse de la nueva cosecha de cebada.

Por esta razón, la mitad del mes de Abib no debía ocurrir demasiado pronto, cuando no pudiera aún comenzarse la cosecha de cebada, el primer cereal que maduraba en Palestina. Tampoco debía presentarse demasiado tarde, porque la fiesta de las semanas, siete semanas más tarde, debía realizarse durante la cosecha de trigo, ya que ésta era la fiesta "de las primicias de la siega del trigo" (Éxodo 34:22; cf. Levitico 23: 15-17; Deuteronomio 16:9, 10).

Las referencias al tiempo de la fiesta de los tabernáculos o de la cosecha en el 7.º mes, al final de la cosecha y de la vendimia (ver Éxodo 23: 16; Levitico 23: 34, 39), son menos específicas. Sin dar lugar a equivocación, se recalca el tiempo exacto del mes de Abib en primavera, mes del cual partía la numeración de todos los otros.

2.06. Años lunisolares

En la ley no se menciona específicamente el número de meses que debía tener el año (en lo que atañe a un período posterior, ver 1 Reyes 4:7), aunque lo más probable es que hubiera tenido 12 meses como los calendarios de Egipto y Mesopotamia.

El 13er. mes lunar era siempre la repetición de uno de los 12.

Los 12 meses lunares terminaban aproximadamente 11 días antes que el año solar completo computado desde el mismo punto de partida. Por lo tanto, en determinada serie de años, no necesitaban pasar muchos años de 12 meses lunares (como el que usan los musulmanes hoy día) con 11 días menos que el año solar hasta que el comienzo del año ocurriera en otra estación.

Sumándose esta diferencia todos los años, en aproximadamente 33 años el año nuevo volvía a la misma fecha del calendario solar. De esta manera, en un siglo se contaban 103 años. Es evidente el efecto que esto tenía sobre la cronología. Pero no se conoce ningún calendario semítico de tiempos antiguos que hubiese seguido durante muchos años sin la corrección necesaria.

En Babilonia se hacía el reajuste mediante la intercalación periódica de un mes cada pocos años. Se repetía el 6.º ó el 12.º mes. Al comienzo se lo hacía en forma un tanto irregular, llegándose posteriormente a un ciclo de 19 años.

Un calendario lunar de 12 y 13 meses, aplicado de esta manera al año solar, lleva el nombre de año lunisolar. Varía dentro del mes en relación con las fechas exactas en el calendario solar.

Por esta razón, la fecha de pascua de resurrección, fechada originalmente por la pascua judía, y calculada todavía hoy por el calendario lunar, varía de año en año; pero siempre más o menos dentro del límite de un mes. Sin embargo, el año lunisolar usado por los mesopotamios y judíos era más correcto que el calendario solar de los egipcios, que computaba el año de 365 días y no tenía año bisiesto, pues en una larga serie de años sufría el año egipcio un desplazamiento de estaciones.

Es cierto que el año egipcio de 365 días era más preciso que el judío o babilónico de 354 ó 384 días, pero el error menor del calendario egipcio nunca era corregido, y el día perdido cada cuatro años se iba acumulando. Por otra parte, el calendario lunisolar, con su mayor variante cada año, sufría correcciones periódicas, y de esta manera determinado número de años judíos equivalía a la misma cantidad de años solares del mismo período.

Nunca podía haber un año adicional después de 33 años hebreos, porque cada año judío tenía una pascua festejada en relación con la cosecha, y en 33 años sólo puede haber 33 cosechas.